martes, 23 de mayo de 2017

Loser like me



 Cuando te acostumbras a que sus manos con las tuyas,
o que las paredes sigan mudas después de haber escuchado sus carcajadas,
y que el reloj se quisiera sacrificar quitándose las pilas cada vez que te miraba.

Cuando tu tiempo verbal favorito es “a su lado”
y los demás son cuestión de tiempo.
 
Cuando la luna envidia tus pasos porque sabe dónde te diriges
al ver cómo te mueves al andar,
y notas cómo las estrellas se intentan asomar
detrás de ti
para no ser acusadas, y acusar a la vez a quien se está quedando con su luz.

Cuando recreamos Venecia
y todas las máscaras mueren ahogadas,
y después descansamos.

Cuando te descubres en jaque desde hace varios turnos
y aun así ha esperado a que tus pupilas se dilataran
para decirte con una sonrisa que te toca mover ficha.

martes, 24 de enero de 2017

Be yourself



Voy a contarte un secreto, una técnica que ha pasado a lo largo de los siglos entre diferentes culturas y épocas permitiendo alargar su vida a aquellos que la dominaban, y con un tiempo de calidad. 

Una fórmula que permite acercarse a uno mismo, fortalecer la paz interior, y que, a pesar de ser de muy fácil acceso, es igualmente muy fácil de olvidar. Requiere práctica, convicción y perseverancia, de la misma forma que humildad y sensatez.

A largo plazo también ayuda a ahorrar problemas y desarrolla la tolerancia con los demás, simplifica los recursos que necesitas en tu vida, ya sean materiales o no, y te permite intensificar las experiencias que vayas a tener, y aprender a sentirte más real con tu entorno.

martes, 20 de septiembre de 2016

September



Sigue fingiendo girarse hacia otro lado cuando sabe que le miro (como si creyera que no descubro su sonrisa bajo las gafas de sol), y cuando soy yo quien se da la vuelta suspira recordando mi sombra. 

A veces pasea por donde las golondrinas lloran para que le cuenten las primaveras y las ocasiones que se dijo que echaría a volar mientras jugaba con pétalos que había en el suelo, y pensando en una historia para cada uno de ellos queriendo deshacer su camino, pero sin volver por donde venía. 

Los lamentos se los queda el vaho, que se esconde con vergüenza a que le vean aparecer entre las sábanas, en esos momentos en el que todos nos volvemos personas y el hielo se deshace, y los pulmones se llenan de un aire distinto.

A veces, y sólo a veces, aún recuerda.