lunes, 13 de febrero de 2012

Egonizando


Llegaba a espaldas del silencio más profundo con la respiración forzada a causa del humo del cigarro y se dejaba caer en una bañera ahogada de alcohol que desinfectaba cicatrices abiertas en noches alternadas culpando a una luna insatisfecha y consiguiendo reducir su cuerpo y su mente a los de un ser desterrado a la localidad del desprecio y la angustia. En la cabeza le quedaban pensamientos contados que se pudieran materializar sin la compañía de algunas lágrimas, y haciendo oídos sordos al orgullo al que nunca se atrevió a estrechar su cabizbaja mano dejaba caer poco a poco la vista al otro lado de la cama, vacía de lo que una vez le llenó y vacía como las botellas que había ido apartando con los pies cuando intentaba desplazarse a lo largo del pasillo, haciendo un amago de dejarlas abandonadas en una de las esquinas como si se tratasen de las hojas de su árbol. Y en un murmullo sordo cada noche el colchón terminaba cediendo y susurrándole nanas de golondrinas a la vez que le abraza entre sus sábanas para consolar el llanto.

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