miércoles, 27 de junio de 2012

Inchenchateces


Intentando encontrar esa estúpida y recomendada postura de ‘sí, vale, ya no me duele el culo’ los acordes iban bailando entre las manos y las cuerdas tartamudeaban sintiendo que las notas fluían sin la necesidad de mostrárselo a los otros sentidos para probar su convicción, de que con el paso del tiempo los trastes se habían hecho más pequeños, la piel se ponía de gallina por la rapidez con la que se podían llegar a producir los sonidos que se pretendía expresar en un determinado intervalo, y los ritmos en los que pensando que ibas a llorar dabas un salto por la adrenalina que te había subido al momento elevándote a un suspiro de éxtasis que no es comparable a otra sensación terrenal… En el momento que recordé que si seguía subiendo me iba a dar de cabeza con el techo volví a sentarme, pero me levanté para estirar las piernas y encontré una chincheta tumbada y confusa a causa de la gravedad que neutralizaba sus pensamientos, en la silla que intentaba ser acomodada al antojo de mis posaderas.

sábado, 16 de junio de 2012

Realidades imaginarias irracionaliazadas


Cuando no quieres llegar al punto de tener que acostarte, de cerrar los ojos y pensar que la realidad es un juego o un sueño raro que no sabes de dónde ha salido, ni cómo ha empezado, ni cómo has podido seguir en el mismo sueño durante tantas noches seguidas sin haber despertado para darte cuenta de que en verdad no eras tú quien protagonizaba el sueño sino un personaje n-ario espectador de los deseos y caprichos de otro que no era más que la sombra que perseguías mientras tenías el sol detrás tuya, hasta que éste cae rendido al no poder alcanzar tu velocidad y vuelve la noche, y con ella el sueño que te recuerda que no eres más que otra ilusión del juego aburrido y monótono de la vida pretendiendo alterar ese equilibrio que, sin saberlo, habías conseguido alcanzar… Es entonces cuando una ducha de agua fría te hace abrir los ojos y echas a correr sin más rumbo que el que tus pies te dirigen, inconscientes de que vuelven a la boca del lobo, boca en la que el refugio descubierto es una droga de la que no te quieres alejar.
Porque nos cansamos de la rutina, del siempre lo mismo, de no tener nada nuevo que hacer o de qué hablar, y deseamos que, aunque sea durante un momento, nos rodee una manada que nos ponga en tensión y nos quite la tranquilidad para recordarnos que la vida no es constante, que nos envuelve y nos marea a su antojo para crecer con ella y crecer con el tiempo.