martes, 27 de noviembre de 2012

Yo no he sido

Las nubes tuvieron que estar aburridas para bajar a mirarnos a través del cristal, pero al pasar un rato de que se hicieran a una planta inferior a la acostumbrada crearon algo de niebla y humedad en los exteriores, o eso daba la impresión, pero con las ventanas cerradas no había otra preocupación que la de no perderme por enésima vez en las profundidades de su mirada aunque no nos separasen más de 7cm, que el tiempo dejase de tener valor existiendo su sonrisa, o que mis latidos quisieran acompasarse con los suyos en un vago intento de comprender esas sonrisas paradójicas desencadenantes de silencios que no necesitan a un infinito celestino de nuestros encuentros, sino una sábana que no permita al calor abandonarnos a la fortuna de unas nubes que no pudieron sujetarse al alféizar lo suficientemente fuerte a causa de la condensación. 


martes, 20 de noviembre de 2012

Espoir en l' etoile

Sencillo, concreto honesto, sincero.
Tantas ganas como miedo.



sábado, 17 de noviembre de 2012

Hatears

Porque en verdad da igual cuan buena pudiera ser la obra, 
o la emotividad que desprendiera tu personaje, 
hasta que no se haya descargado 
y descanse,
donde sea que esté, 
de una vez por todas, 
nada 
parecerá 
valer la pena.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Me wo tojite


Analizando la locura que corrompe a las caricias que, por infinitas que se sienten, alcanzan a parpadeos ciegos de la razón más corrupta, he comprobado empíricamente la melancolía de su ausencia en las gotas de lluvia que intentan llamar mi atención a lo largo de los paseos en los que le recorro con la mirada su obligo, y los ojos cerrados.
Denegaba los pétalos que llegaban a su alféizar con el propósito de clavarse en sus pupilas marchitándolos, y sin importarle hacer llorar a la primavera alegaba una y otra vez que un florete con botas alcanzaría al nenúfar en el que ahora sólo queda el recuerdo de un baile que no llegó a terminarse, que ha de recuperar las sonrisas que dejó selladas en una almohada exhausta enfrentándose a las sornas que el miedo custodia cual bicho de fogueo sin permitir el paso a ningún aliado de los enemigos marinos. Mas no era el caso y opuso resistencia a la coreografía que había aprendido en locales de locos apreciados por el hermano calor de la bilirrubina, contrarrestando los golpes del acero con una inseguridad que no siendo difícil de evadir me impulsó hacia el lugar en el que un cuello reposaba a esperas de que no se enfriara para la hora de la cena.