lunes, 31 de diciembre de 2012

Surprise


En días como estos muchas personas cierran los ojos durante unos pocos segundos, y piden algo, con mayor o menor fuerza, más o menos ímpetu, pero sintiendo que algo les hace falta se aferran a aquello en lo que creen y piden por ello. Quizás por costumbre o quizás porque no ven otra salida.

Mejor fortuna, dinero, salud, paciencia, que me pase esto o lo otro, que los míos estén bien…

En una ocasión se me dijo ‘no esperes nunca nada, porque nada se te va a regalar, todo tiene un precio’, ya se llame esfuerzo, sacrificio personal, paciencia (porque no todo ocurre cuando queremos)… pero no importa el nombre que coja, por muy fuerte que se aprieten las manos, sin fe (en aquello que cada uno crea), sin esperanza, y sin poner de nuestra parte, pocas cosas cambian sin un precio posterior.

Mi consejo es que más que pedir, deberíamos dejarnos sorprender con más frecuencia, relajarnos y afrontar los problemas (hay quien los llama oportunidad) con forme vengan (porque como anteriormente dije, hemos nacido con una fortaleza con la que, a menos que nuestras aptitudes digan lo contrario, se puede superar cualquier obstáculo, nada pasa porque sí). Se trata más que pedir regalos e ilusionarnos en su espera, dejar que lleguen cuando deban llegar y agradecerlos, o al menos hacernos los sorprendidos.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Entre Sol y Mi, Luna.


Había olvidado la gratitud que desprendían unas cuerdas al ser renovadas, que entre que mis manos les daban la merecida calidez aturdían a unos músculos de madera que pretendían resistirse al tacto con el que me iba acompasando poco a poco, y los balbuceos salían en proporción a la intensidad con la que aproximaba su boca a la mía, y la mía a la suya, como esos metrónomos que no llegan a detenerse a menos que los engranajes, desgastados por el tiempo o el agotamiento, se interponen en su curso. Afinar cada una de las seis formas de explotar su voz, para después combinarlas y erizarnos la piel, y probar por enésima vez unos muelles que no caerán en la breva de dejarnos desfallecer entre las subidas y bajadas de las longitudes de onda de sus suspiros, todo ello teniendo que subir siempre un tono y medio más que el día anterior, puesto que es la distancia que me separa de una luna deudora de su séptima más alta.

martes, 4 de diciembre de 2012

Improvisando my lego house y chitón.


¿Qué más da que puedan pasar años para despertar un día y ver que cuanto soñabas es en ese momento real? ¿Por qué tanta prisa porque llegue? El carpe diem da a entender que toda variable se estremece cuando nos metemos en la cuarta dimensión, los hombros lagrimeados te sacan del pozo por profundo que sea y lo llenan de esas cosas que solamente una florecilla sabe rememorar con su historia.
¿Y qué si no es al final como en un inicio se quiso? Nos agobiamos en cuanto algo se sale de nuestras expectativas, necesitamos tenerlo todo bajo control, incluso lo que no depende de nosotros. Nos acostumbramos a querer saber hasta el más insignificante de los detalles para que todo sea perfecto, sin pensar en que esa perfección pueda hospedarse en una mirada a lo largo de un viaje, un comentario absurdo que te ha hecho sonreír al final de ese día que tantas ganas tenías que acabara, en que te puedas encontrar una mañana la cocina patas arriba porque a tus hijos se les haya ocurrido hacerte el desayuno... Estamos de acuerdo en que los mayores tesoros se encuentran en los detalles más recónditos, pero no siempre nos damos cuenta de que cronometrar hasta el último segundo nos puede quitar la oportunidad de explotar todo su sabor.