martes, 4 de diciembre de 2012

Improvisando my lego house y chitón.


¿Qué más da que puedan pasar años para despertar un día y ver que cuanto soñabas es en ese momento real? ¿Por qué tanta prisa porque llegue? El carpe diem da a entender que toda variable se estremece cuando nos metemos en la cuarta dimensión, los hombros lagrimeados te sacan del pozo por profundo que sea y lo llenan de esas cosas que solamente una florecilla sabe rememorar con su historia.
¿Y qué si no es al final como en un inicio se quiso? Nos agobiamos en cuanto algo se sale de nuestras expectativas, necesitamos tenerlo todo bajo control, incluso lo que no depende de nosotros. Nos acostumbramos a querer saber hasta el más insignificante de los detalles para que todo sea perfecto, sin pensar en que esa perfección pueda hospedarse en una mirada a lo largo de un viaje, un comentario absurdo que te ha hecho sonreír al final de ese día que tantas ganas tenías que acabara, en que te puedas encontrar una mañana la cocina patas arriba porque a tus hijos se les haya ocurrido hacerte el desayuno... Estamos de acuerdo en que los mayores tesoros se encuentran en los detalles más recónditos, pero no siempre nos damos cuenta de que cronometrar hasta el último segundo nos puede quitar la oportunidad de explotar todo su sabor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario