domingo, 27 de enero de 2013

Efectos secundarios.


Dos llamas eran suficientes para iluminar la habitación, aparte de su sonrisa, y con ella todo ese universo de pequeñas cosas que no paraba de seguir creciendo con el paso de las caricias que nos dibujábamos en la espalda. Jugando con los ojos cerrados a no perder la noción de la realidad un giratiempo roto nos llevaba por los senderos infinitos que terminaban en su ombligo y discusiones en lenguajes no verbales a causa de los caminos sin salida por los que me guiaba esa orientación que parece negarse a colaborar. Dejamos que dos patitos se volvieran a reír un poco y mientras, con el ritmo de los latidos, cerró los ojos y le relataba en susurros al subconsciente algunas conspiraciones que se estaban llevando a cabo, y otras que requerirían su ayuda. Hasta que despertó, y después de comprobar que la Torre Eiffel seguía donde la había dejado nos aseguramos durante un rato de que los deseos no se cumplen solamente en los sueños.

martes, 22 de enero de 2013

Hier

Cerré los ojos y era la hora del recreo, para variar era de las últimas personas en abandonar la clase, sin prisa, pues nadie se percataba de mi ausencia, miraba cómo los demás sonreían y corrían sinsentido para sudar quince o veinte minutos y volver a entrar sudorosos a un recinto cerrado donde el resto tendríamos que aguantar la condensación de sus neuronas por el paso de los minutos hasta que sonara el timbre y los mandara de vuelta a su manada.

Y mira que no me gustaba saltar a la comba por aquel entonces y tampoco ha cambiado mucho…

Los abrí y el bocadillo se había dividido en sombras que tenía a mi alrededor mientras jugábamos a ser mayores en un parque de risas y vasos de recuerdos borrosos (... por la memoria). Me seguían cegando las luces de las farolas que se inquietaban de camino de vuelta a mi cama, es mejor la oscuridad para ver las estrellas, pero ellas no lo querían entender. Conseguí tumbarme, pero sin haber llegado a meterme entre las sábanas me perdí por el camino y terminé en un jardín lleno de todo tipo de flores, y asumiendo que no podía quedarme allí eternamente cogí las que más me gustaron y las traje de vuelta dando un paseo entre las calles de Italia y Granada. A la mañana siguiente me senté a hablar seriamente con cajas bipolares que me atan a la lógica de madrugadas en vela. Intentándolas hacerlas entrar en razón reconfirmé lo bien que se me daba perder la vergüenza por vigésimo segunda vez, y tocar las pelotas sin límite de mosqueo. Pero jugar con fuego era lo que tenía, y volví a despertar otra mañana sin saber por qué una señora con bata miraba un bote de suero que me había acompañado la noche anterior… Me dijo que iba de cabeza. Aunque para entonces pensaba que buscar respuestas no traería otra cosa sino que más preguntas, y empecé a sorprenderme más a menudo. Me dejé enamorar por seis cuerdas a las que tantas veces había renegado su sencillez (y plenitud a la vez) y aprendí a tocar compases con los que repartiera carcajadas de inocencia y abrazos de ilusión.

martes, 15 de enero de 2013

Hasta los ovarios de que me toquen los cojones.

Me cansan las correcciones políticas (una vez más, sí). Todo puede ser muy bonito y del color del arco iris hasta que alguien toca la vena sensible y se nos hinchan los respectivos aparatos reproductores, nos resignamos y pretendemos hacernos oír como si hubiéramos estado desde el primer momento al pie del cañón. El mejor sonido se puede emitir es el silencio, es decir, si no sabes no opines, por favor, gracias. Imbécil.
Nos ¿guiamos? por manipuladores de CI negativo que deciden la moralidad de la sociedad en base a la cantidad de ceros que van a engordar su cuenta bancaria, ilusionándose pensando que de esa forma son mejores que otros sin mirar otra cosa que su puto ombligo.
Se echa de menos a gritos que haya gente buena, altruista y desinteresada, pero el problema es que matamos a los pocos que pueden haber sobrevivido a la infancia. La sociedad contamina de una forma las mentes tal que si no decimos tal o hacemos cual se repudia como si se tratara de peste. Eso sí, como sugieras que tus máscaras no están a la última hay quien se ofenderá y perderás contactos en las redes sociales.
¿Tan difícil es ser sincero? Empezando con uno mismo y luego, si has completado el primer nivel, puedes pasar a ser consecuente con tus principios, pero ¡hey! si eres de grandes retos, molas más que la seta de Super Mario y aún así has podido con todas sólo me queda decir hakuna matata.
Me he comprado con una rana una casa en la quinta estrella a la izquierda, que la segunda a la derecha hay ya demasiada gente (...empezaron siendo un centro de "ayuda" para pederastas y drogadictos, y sigue aumentando la lista). Me mudaré dentro de no mucho. Se admiten visitas, pero ya advierto que tengo un avestruz a la que castigo sin comer cuando se porta mal y si no avisáis previamente muerde.

viernes, 11 de enero de 2013

Counting stars


Me cuestionaba el copiloto, hastío y desesperado por ignorar sus señales de escucha, las causas por las que tantas noches el insomnio intentaba hacerse dueño de mi cama con una ligera sonrisa inquisitoria de la castidad más profanada. Inconscientemente y con la atención situada en un horizonte que susurraba el nombre causante de los rugidos del motor, y silenciado por las voces que salían de los altavoces, marcaba los ritmos en el volante pensando en las veces que esa canción pudo llegar a sonar para su sonrisa y lo mucho que extrañaba acariciar la guitarra que aguardaba impaciente en los asientos traseros por ver a su rival más directa, en cuanto a dejarse trastear se refería. Qué más daba que sólo la luna pudiera iluminar aquella carretera, o qué más daba que su piel fuera el único sendero y cobijo que albergaba entre sueño y sueño, que en un intento de coger las riendas de las notas y las ideas que me mantenían a la izquierda del nirvana atiné a despejar las suyas.