miércoles, 15 de mayo de 2013

Existe


Nadie hablaba, había solamente intercambios de miradas, y se continuaba buscando. Con el sonido de la respiración, el ritmo y su intensidad se daba a comprender que sin duda alguna había una razón de peso mayor al usual para que tal escenario se estuviera llevando a cabo, de la misma forma que la consciencia  de que tanto la velocidad como los métodos de procesamiento eran diferentes entre los individuos que se debatían en la sala, pero unas órdenes provenientes de fallos de lectura en caché se habían acostumbrado a tender a desencadenar errores acumulativos de forma que los resultados deseados pudieran coincidir gracias a esa pequeña (y escasas veces maravillosa) probabilidad con el fin de volver a machacar otros registros de memoria con una información que en otras ocasiones ha saturado el sistema, y así eliminar otros que pudieran relevar datos considerados como irrelevantes al desarrollo de acontecimientos futuros. No estaba permitido realizar ningún movimiento que pudiera aumentar la entropía ya generada, y a pesar de todos los ataques de denegación de servicio la puerta se abrió y se llevó al otro lado (donde las cosas parecen que son de colores) una nota culpable y causante de otra guerra más sinsentido revelando el motivo por el que se podía encontrar en determinados instantes con la esperanza.

martes, 7 de mayo de 2013

Just howling in the shadows


La arena quemaba menos con cada paso que se aproximaba a la orilla hasta que el calor cedió ante el frío, y se detuvo. Retrocedió un pie al ver que las olas sobrepasaban su estatura, pero no fue motivo suficiente para que ese movimiento no sirviera como impulso y adentrarse una vez más. Y todos los días, todos los santos días repetía ese ritual durante horas y buscaba algo que demostrase lo contrario, que le invitara a salir del fondo de aquel mar de pensamientos y sacar a flote la idea de permanecer allí indefinidamente.

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En ese momento, en el que la cabeza sentía cómo empezaba a faltarle oxígeno y se lo pedía al resto del cuerpo, cerraba los ojos y sonreía pensando que el peso de lo que había asumido resignadamente como cierto le iba a dar ese golpe del que tanto había oído hablar. Sin embargo, cada vez que la marea se agitaba dentro de su cabeza terminaba despertando a la mañana siguiente en la misma cama con un anfibio agotado de haber cargado con dos sombras.