martes, 7 de mayo de 2013

Just howling in the shadows


La arena quemaba menos con cada paso que se aproximaba a la orilla hasta que el calor cedió ante el frío, y se detuvo. Retrocedió un pie al ver que las olas sobrepasaban su estatura, pero no fue motivo suficiente para que ese movimiento no sirviera como impulso y adentrarse una vez más. Y todos los días, todos los santos días repetía ese ritual durante horas y buscaba algo que demostrase lo contrario, que le invitara a salir del fondo de aquel mar de pensamientos y sacar a flote la idea de permanecer allí indefinidamente.

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En ese momento, en el que la cabeza sentía cómo empezaba a faltarle oxígeno y se lo pedía al resto del cuerpo, cerraba los ojos y sonreía pensando que el peso de lo que había asumido resignadamente como cierto le iba a dar ese golpe del que tanto había oído hablar. Sin embargo, cada vez que la marea se agitaba dentro de su cabeza terminaba despertando a la mañana siguiente en la misma cama con un anfibio agotado de haber cargado con dos sombras.

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