jueves, 11 de julio de 2013

Saltear.

El océano antes no existía como tal, al comienzo de los tiempos era como una balsa que rodeaba todos los continentes, pero que podía ser atravesada a pie. Con el paso de los siglos las guerras fueron creciendo y con ellas las vidas de caballeros que se requerían para cambiar el nombre a un trozo de tierra. Las esposas iban a las playas a recibir a sus guerreros al acabar los enfrentamientos, pero no todas volvían a sus casas con una sonrisa al terminar ese día, otras muchas se quedaban allí, en la orilla, en la espera y con ruegos y súplicas al horizonte que acababan entre llantos para que les devolviera la mirada que una vez les dio una vida y que ya no tenían… Y una tras otra, tras otra, maldecían sus ausencias con sal y arena, de forma que poco a poco ese horizonte llegó a sentir pena por la inocencia de aquellas expresiones y fue distanciando con las lágrimas aquellas tierras que tanta pena había llevado con el fin de que las mujeres pudieran sonreír más al final.