domingo, 29 de septiembre de 2013

Sea pues.

Voy  a entaconar los besos que nadie sacó a pasear por miedo a que se mojaran en una tormenta, mostrando a unas pupilas dilatadas la firmeza de un control que echó a correr al negarse a recibir las clases de decencia  que la jueza moralidad le impuso por robar inocencias de algunas manos pecadoras; que en cuanto comiencen a avanzar en forma de ejército los combatientes dejarán caer sus armas levantando las manos y dando luz verde a la imaginación, deseosa de dejar a unas muñecas insensibilizadas ante el reto implacable de que permanezcan en la inconcebible quietud de la espera que tan poco saber mantener al dejarse caer sobre la cama para quitarnos los zapatos.
Vamos a establecer como medida temporal el calor y el ¿frío? para no tener posibles contratiempos entre dos temperaturas, ya que los días se terminan quedando cortos y la luna parece tener prisa ya que hace tiempo que dejó de saludar.

Y en una de esas noches en las que el cielo abre las ventanas y se queda sin una nube, diremos de contar las estrellas al ritmo del vaivén de la marea.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Once upon a time...

Las historias pierden a los espectadores, da igual del tipo que sean, se quiere saber de personas que han tenido historias para que puedan ser contadas, como cuando se es pequeño y se relatan cuentos de monstruos para conciliar el sueño, pues esto es lo mismo. A prácticamente nadie le importa si el protagonista de la historia superó sus problemas, si se comió cinco o cincuenta perdices, lo interesante es juzgar, y al siguiente capítulo. No resulta relevante que al suegro del amigo de la vecina del novio del primo segundo, aquel que tenía esa casa tan bonita, ha sido uno de esos 0.00000000001% que ha sobrevivido a una enfermedad, o que el amor siga jugando a cegar y/o a no corresponder, o que… whatever.

Las moralejas llegan a golpear fuerte cuando el personaje principal es el propio reflejo, que es cuando duele y no hay que imaginar situaciones, suponer decisiones o fingir que algo importa, pero es lo triste cuando es compartida la experiencia, que vuelve a resbalar con una mayor o menos adhesión por la superficie del oyente por mucha empatía que pueda haber desarrollado,  pues volvemos al principio de la historia en la que el protagonismo es el papel que quita el sueño, y con los restantes se acaba con la almohada en la cabeza y los ojos cerrados.