jueves, 21 de noviembre de 2013

¿Ganas de navidad? Maybe

No sabía apartar la vista de lo que hacía, aunque fuera sentarse en el sofá o leer un rato, quería estar a su lado y seguirle a todas partes. Y qué más da si era importante o no, me gustaba sentir que compartía los pequeños detalles (esos que solamente hacemos cuando estamos solos) conmigo. Otras veces me sentaba a su lado y me contaba cómo le había ido el día, cuán tonto había sido un cliente o la incompetencia de algunos compañeros de trabajo. Yo sonreía, le seguía mirando y sonreía. Conforme  hablaba me acercaba hacia sí para hacerme caricias correspondidas con besos, y así hasta la hora de irnos a la cama, que se metía entre las sábanas y nos dábamos las buenas noches con un beso de esquimal, me gustaba esperar a que se durmiera para ponerme en el otro lado de la cama (sin hacer ruido, por supuesto) y que no se sintiera sola durante la noche.
Quizás no pudiera parecer mucho, pero era todo lo que había soñado... aunque al final del día no dejara de ser un gato.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Little things.

En qué momento aceptó el invierno su armadura de hielo y con un cálido abrazo se fundieron los dos en primavera.

En qué sonrisa intercambiada unos extraños se dijeron “I do”.

En qué caricia un animal deja de ser salvaje y pasa a compañero.

En qué mirada el corazón se consiguió encoger aguantando la respiración para que no se le escapara un suspiro contenido entre lágrimas de alegría.

Entre qué experiencias dibujamos esa línea que nos cicatriza y nos va empezando a definir.

Entre cuántas sábanas hay que buscar al amor para darnos cuenta de que había que esperar a que nos encontrara entre las nuestras, soñando con que llegaba mientras tanto…

Entreteniendo el tiempo entre copa y coña nos sentamos y nos sentimos como si siempre nos hubieran enseñado y como si nunca hubiéramos sabido.

Entre la una y las dos entré y entramos sin llamar, pero habiendo avisado de que íbamos, con un billete de ida a dar una vuelta al café de la esquina, en el que nos marcamos unos despistes inesperados y propios de francesas rubias y, sin saber la magnitud del premio, ni las reglas del juego (2), ganamos.