domingo, 2 de noviembre de 2014

Rondando.

Había sido demasiado tiempo el que se había llenado la sangre y el cerebro de tiempo malgastado en caminos que no llevaban a ninguna parte, al menos mientras estaban siendo asfaltados éstos, intentando seguir el mapa de un tesoro que ni siquiera parecía tener la menor intención de existir.
Aún despertándose y visualizando en la oscuridad los rostros de las víctimas que en su día consiguieron otra cicatriz a sus respectivas colecciones, se preguntaba si su cabeza seguiría en busca y captura por venganza con aquel pasado sobre sus hombros o podría retomar la idea de aquella casita en el campo en la que enmarcar el dichoso mapa y dejarse los viajes, los revuelos y los mareos para hacer su tiempo suyo.
Era otra posibilidad que solía pasearse por su mente, pero para que pudiera suceder debería impedir tanto cualquier afilador cerca de sus cuchillos como la negación a su uso, y ambos precios eran extremadamente altos.
En ambos casos habría detalles que todo buen pirata debe asegurar antes de decidirse a navegar por aguas desconocidas, y otras muchas noches para acallar sus demonios con música y ron.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Ready, steady, go.

Escupiendo intolerancias a supuestos ideales embebidos por la sociedad pides opiniones de lo más honestas con la sonrisa de quien necesita otra copa para acallar a los demonios que no le dejan dormir.
Sabiendo las respuestas antes de hacer las preguntas pretendes alimentar un orgullo que (por bien vestido que vaya) no sabe hacer más que llorar en cada esquina, y quitándole la razón parece ser invocado rugiendo los versos con los que se auto-convence para que la corrección política no llame a su puerta.
Pero cada vez que asoma una de esas plumas que sólo hacen cosquillas si no eres receptor y terceros y cuartos ojos no han girado la cabeza, entonces todos somos amigos porque ser el portador de las malas noticias tampoco es apetecible.
Y cada pluma recibida es añadida al resto del juego de la cubertería esperando a ser utilizada en su correspondiente plato con el mero propósito de recordar que la idiocia también se sabe vestir todas las mañanas.

martes, 26 de agosto de 2014

Dream a little dream of me.



Hay mañanas en las que se puede sentir que la cama es el epicentro de la zona de confort, y al sacar un pie aventurero el aleteo de una mariposa hace vibrar el segundero congelando el resto del cuerpo con su sonido.
Con los ojos aún cerrados y resignados, que, sabios ellos, son conscientes de que los monstruos que le atormentaban se han metido debajo de la cama y se han tapado la cabeza con las pelusas; ellos, intentan anular las ondas de sonido mientras son restregados por las correspondientes manos y arrastrados de una vez por todas al universo de la consciencia.
Agua, fría además, una guinda ideal como primera bofetada de realidad, acompañada por las melodías propias de la fauna del entorno.
Comida. Pero hay días en los que la cocina es mejor evitarla… Demasiadas cosas que pinchan y gritan cobarde entre miradas y sonrisas. Pero hay que comer. Más agua.
Cambian las bandas sonoras con un ritmo establecido por la mariposa, entre unos tonos más graves que otros e intervalos de pausas para volver a cerrar los ojos y respirar.
Cambian, porque nada ni nadie sabe estar quieto, porque con el tiempo se cambia. 
Al menos hasta el día siguiente. 
O hasta que se abra la ventana y salga la mariposa.

viernes, 8 de agosto de 2014

Goal-keeper

Aprender a tirarse al suelo es algo que no sólo deberían saber hacerlo los porteros ya que resulta bastante útil cuando te das cuenta de que sin balón también caes (por muchas pelotas que tengas), de que las rodilleras pierden su gracia cuando no encuentras cicatrices ni más recuerdos de las caídas que los reflejos de sus experiencias, o de que lo importante es que no importan las veces que sangres o los morados reaparezcan en los mismos lugares sino que tu determinación sea fortalecida e impulsada al pie que te queda detrás y agarres con la misma fuerza que el primer día (sino con más) aquello que te animó a empezar a andar.

La mayoría piensa en 10 combinaciones posibles de llegar a apoyarse y llegar hasta arriba, sopesando en una menor medida que el tercer y último mono puede ser quien, haciéndose oír del décimo al primero, tenga en sus manos el poder de sostenerlos a todos sin necesidad de abrir la boca.

Saltad intentando llegar a rematar que sacar a guantazos las adversidades es más divertido; que creerse con la sabiduría de Gandalf puede que sea pasarse, pero hay situaciones que no se pueden dejar pasar; y que al saltar se va con todo a coger cada oportunidad,
con las dos manos,
para que no se escapen.

martes, 29 de julio de 2014

Corchetes y corcheas.



Habían perdido la cuenta de los vasos que se habían llenado y vaciado, y vuelto a llenar, y vuelto a vaciar… y así sucesivamente desde… habían perdido la cuenta cuándo. El piano se había dado a la ginebra repitiendo torpemente una melodía mientras la guitarra yacía tumbada bocabajo con una mano agarrada a una de las botellas que la rodeaban, ambos sin signos de consciencia pero con las cicatrices propias de las composiciones que habían surgido mientras compartían bebidas entre musas y fusas, partituras interpretadas a cuatro manos que derretían los ojos y los oídos en mares de vasos cortados por los compases en los que en cada pulso batían cada nota como si de un duelo se tratara, o quizás reivindicaron el amor que les fue impuesto por los luthiers, callándoles e impidiéndoles sonar más allá de cómo fueron creados, pero a pesar de que la guitarra era un instrumento que, aunque de cuerda tuviera poco, compartía sus pulsaciones con el teclado y ambos sentían las intensidades con las que sus notas resonaban en sus cajas de resonancia cada vez que un dedo se posaba sobre ellos. Hasta que caían muertos de agotamiento, sin aliento y sin manos con los que poder sostener otro vaso más con el que curar las marcas que se habían expandido a lo largo del cuerpo a medida que pasaba la noche.

miércoles, 14 de mayo de 2014

El búho borracho.

Ei ei ei.

Qué más da
si levanta la cabeza,
esconde la mirada,
u otra estrella le hace sonreír.

Qué más
que tiempo
para pararlo
y no encontrar
más que lo olvidado.

Qué queda
además de cuentos
e historias singulares
que siguen acostadas
mientras acumulan polvo(s)
y otras tantas lunas llenas desgarradas.

Que damas que,
comiéndose unas a las otras,
se detenían para cederse los turnos,
y estrecharse las manos
para después
desenfundar sus armas
y seguir comiendo.


Queda más
por compartir quizás,
y saber 
qué rectificar;
pero ei ei ei,
gracias,
queda más
de lo que hubo.

sábado, 22 de marzo de 2014

Remember.


Quería darle algo que llevara siempre encima, que no se lo quitara y le trajera algún buen recuerdo que le hiciera sonreír, pero no daba con ello. Buscaba y pensaba lo que podría ser más acorde con su personalidad, su estilo, sus pequeñas cosas que le hacen tan especial.
Puñetas, es jodido, mucho, más de lo que había pensado. Además de que tenía de todo y decía que no necesitaba nada, pero sus ojos adquirían ese color y esa luz cuando recibía sorpresitas que a ver quién no se atrevía a desobedecer. Y que quería que lo tuviera, por orgullo, egoísmo, llámalo x, pero todo fuera por… miau. Iba pasando el tiempo y joder joder joder, no podía seguir así, tenía que encontrarlo… Y vuelta a empezar, aunque fuera a base de paseos, pero tenía que estar en algún lado esperando a que lo encontrase (viva el autoconvencimiento, ¿no?).

… Y lo encontré, pero en una forma  que no era la que había pensado, y con un precio que sólo el tiempo dirá si fue demasiado caro.
Lo descubrí, tarde, pero di con ello, y sonreí al darme cuenta de que no se lo quitaría para lavarrse las manos, o porque no conjuntase con la ropa. Lo llevaría consigo, porque el tiempo, y las experiencias, y los recuerdos que éstos generan son parte de lo que somos al mirarnos al espejo.

domingo, 16 de febrero de 2014

Recording

Un cuarteto de cuerda se acomodaba en su esquina habitual esperando humildemente los halagos y aplausos de cada pieza desafinada en intentos de invocar con la ayuda de unos vocalistas cegados por su propia lengua a la memoria de un siervo del amigo de arriba con el poder necesario de ayudar a las almas que no le permitían descansar. Entre compás descoordinado y nota fuera de tono algunas lágrimas se resguardaban en las copas y llenaban su vacío con ilusiones y propósitos hospedados bajo sus camas con el fin de pasar desapercibidos y no ser amenazados por la ignorancia de los intérpretes.
Hasta que al final del concierto los que habían pasado de oyentes a víctimas volvían a ese sitio en el que se es invencible hasta que se abren los ojos, y se descubren sudando con la manta hasta la punta de la nariz y con la ironía de que a veces los más cuerdos no siempre son los más acertados.