domingo, 16 de febrero de 2014

Recording

Un cuarteto de cuerda se acomodaba en su esquina habitual esperando humildemente los halagos y aplausos de cada pieza desafinada en intentos de invocar con la ayuda de unos vocalistas cegados por su propia lengua a la memoria de un siervo del amigo de arriba con el poder necesario de ayudar a las almas que no le permitían descansar. Entre compás descoordinado y nota fuera de tono algunas lágrimas se resguardaban en las copas y llenaban su vacío con ilusiones y propósitos hospedados bajo sus camas con el fin de pasar desapercibidos y no ser amenazados por la ignorancia de los intérpretes.
Hasta que al final del concierto los que habían pasado de oyentes a víctimas volvían a ese sitio en el que se es invencible hasta que se abren los ojos, y se descubren sudando con la manta hasta la punta de la nariz y con la ironía de que a veces los más cuerdos no siempre son los más acertados.