martes, 26 de agosto de 2014

Dream a little dream of me.



Hay mañanas en las que se puede sentir que la cama es el epicentro de la zona de confort, y al sacar un pie aventurero el aleteo de una mariposa hace vibrar el segundero congelando el resto del cuerpo con su sonido.
Con los ojos aún cerrados y resignados, que, sabios ellos, son conscientes de que los monstruos que le atormentaban se han metido debajo de la cama y se han tapado la cabeza con las pelusas; ellos, intentan anular las ondas de sonido mientras son restregados por las correspondientes manos y arrastrados de una vez por todas al universo de la consciencia.
Agua, fría además, una guinda ideal como primera bofetada de realidad, acompañada por las melodías propias de la fauna del entorno.
Comida. Pero hay días en los que la cocina es mejor evitarla… Demasiadas cosas que pinchan y gritan cobarde entre miradas y sonrisas. Pero hay que comer. Más agua.
Cambian las bandas sonoras con un ritmo establecido por la mariposa, entre unos tonos más graves que otros e intervalos de pausas para volver a cerrar los ojos y respirar.
Cambian, porque nada ni nadie sabe estar quieto, porque con el tiempo se cambia. 
Al menos hasta el día siguiente. 
O hasta que se abra la ventana y salga la mariposa.

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