lunes, 29 de septiembre de 2014

Ready, steady, go.

Escupiendo intolerancias a supuestos ideales embebidos por la sociedad pides opiniones de lo más honestas con la sonrisa de quien necesita otra copa para acallar a los demonios que no le dejan dormir.
Sabiendo las respuestas antes de hacer las preguntas pretendes alimentar un orgullo que (por bien vestido que vaya) no sabe hacer más que llorar en cada esquina, y quitándole la razón parece ser invocado rugiendo los versos con los que se auto-convence para que la corrección política no llame a su puerta.
Pero cada vez que asoma una de esas plumas que sólo hacen cosquillas si no eres receptor y terceros y cuartos ojos no han girado la cabeza, entonces todos somos amigos porque ser el portador de las malas noticias tampoco es apetecible.
Y cada pluma recibida es añadida al resto del juego de la cubertería esperando a ser utilizada en su correspondiente plato con el mero propósito de recordar que la idiocia también se sabe vestir todas las mañanas.

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