domingo, 6 de diciembre de 2015

Tadaima.


Sin avisar siquiera rodeó todas las murallas con sus brazos y las derrumbó al bajar los párpados. Así, tan fácil y rápido como la sonrisa que le apareció después. Como si no quisiera dejar algo en pie, volvió a recordar a qué sonaban sus carcajadas y recompuso lo que quedaba con un susurro que no ha dejado de gritar.
Mi casa.

Mientras su piel sigue afirmando saber cómo florecer a lo largo de las estaciones, las flores han dejado de creer en la primavera quedándose desnudas con los llantos de sus pétalos, que menos mal que el invierno las ha arropado y las ha mandado a dormir, ya que si no hubiéramos tenido que buscar nuevas formas de retar al desconcierto a perderse en la relatividad de un tiempo odiosamente juguetón.

El reloj lleva ya un tiempo a sus espaldas consciente de la posibilidad de que otra vez vuelve a intentar componer nuevos ritmos, pero esta vez ha cogido una libreta nueva y ha llenado una tetera con las que no va a permitir que los nuevos proyectos se vean condicionados por los borradores anteriores.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Nada más que añadir Señoría



En mi defensa diré que la verdadera culpable fue su piel que, tan infinita como inalcanzable, no daba tregua a los suspiros de unos pobres ilusos de su desdicha por tener que conformarse con el universo de la fantasía. O también pudiera serlo su cuello, siempre escoltado por una seda castaña, arropándolo bajo la llave de la serenidad, y alejando a quienes no merecen sus sonrisas. Que ya que las mencionamos, podrían aceptar de igual manera la condena por alterar el estado mental de las aceras; pero a su señoría rogaría que no castigara a este puñado de inocentes sin ella, a la vez que culpables de perder el norte cada vez que ésta se dejaba ver con su rubor.
Y por otro lado sería impensable pasar por alto la forma con la que su mirada cobijaba con sumo cuidado de las más tiernas de las inocencias, o sus caderas al empañar retrovisores que se desnucaban por no querer dejar su reflejo, o su boca, que directamente destrozaba los esquemas a cualquier tipo de concentración que no tratara de disminuir unos sentidos para maximizar otros, o sus piernas marcando el ritmo a las agujas del reloj, o… Sería impensable mantener la cordura si al girar la vista se adentra en tu campo de visión y en tu mundo, y no intentar adentrarte en el suyo.

sábado, 29 de agosto de 2015

Las curvas de la amnesia.

Sonríe, y no me engañes, que no te dejo hacer trampas. Pa’ dejarte con lo bonita que es.
Que si no la vistes con esos ojos podría quedarse desnuda, y tampoco pasaría nada, o bueno sí, que los tendrías cerrados, pero aunque tampoco te viera sabría que sonríes.

Sonríe, y deja la luz apagada. No hace falta si estás cerca.
Que la luna ha abandonado al sol al verte, y ahora está tan triste que todos temen que se apague.

Sonríe, y vuelve a cerrar los ojos. Aún no hemos llegado.
Que si me descuido podemos descarrilar y estrellarnos en la salida de tus caderas provocando un incendio sin control a su alrededor.

Sonríe, y no despiertes al reloj. Déjalo dormir, él que ha podido.
Que después de contar los segundos hasta quedarse dormido el tiempo se ha parado a nuestro favor.

Sonríe, y ten cuidado con esa boca.
Que si me das a elegir empiezo con una, sigo con la otra, y acabo por repetir, como en los compases en los que no te acuerdas cuándo ni dónde había que terminar, y tú sigues, por si acaso.

Sonríe, y no cuentes con las casualidades.
Que no quieren reconocer que se pusieron de acuerdo, y nos intentan engañar sonrojadas para no darnos la razón, y volver a tropezarse cuando te giras.

Sonríe, y ojalá sobren los quizás.
Que cuando nos damos cuenta ya es mañana y ayer fue la semana pasada.

Sonríe, y quién sabe si el mar se vuelve dócil cuando nadie lo mira, y da menos miedo.
Que mientras el mundo duerme podemos intentar domarlo cantándole al compás de su oleaje y acariciando su lomo, y así hasta que también sonría.

Sonríe, y no sé qué iba a decir.
Que me has mirado.

Sonríe, y no la escondas.
Que sería demasiado egoísta guardártela con todos los ex-leprosos que necesitan limosna.

Sonríe, y, por favor, no estés triste.
Que si quieres podemos intercambiarnos sonrisas como si fueran cromos, pero con la intención de que todo mi álbum esté lleno de las tuyas.

Sonríe, y no pares. Joder, qué bonita es.
Que se me pegue y se nos peguen las sábanas porque no nos quieran echar de menos, y no nos dejen salir de la cama, y nos secuestren acabando todas revueltas con síndrome de Estocolmo.


Sonríe,
y si es a carcajadas
lo peor que puede pasar
es que se me olvide todo lo demás.

martes, 19 de mayo de 2015

“La verdad os hará libres”, dijo mientras fumigaba.



Si las ladillas resultantes de posiciones más o menos sociales pudieran contar sus historias el civismo iba a reducirse a un eufemismo de la vuelta de la quema de brujas, pero eso sí, con palomitas. Es increíblemente divertido ver cómo hay quien alardea de la propia ignorancia mientras no oculta cómo sus piernas tiemblan del miedo (o el escozor), mientras sólo importa el número de veces que se elogie a un peligroso caballero y al alter ego, a la vez que se utiliza como escudo y espada (y siempre desde el altruismo) un nombre que quizás ha matado tanto como ha amado, y sin (querer) saber su excelentísima con cuál de los tres pasa más tiempo.

Pulgas o ladillas. Es igualmente una macedonia de colegas en la cual hay quien podría hacer más por la sociedad como donante de órganos, una reunión de alcohólicos anónimos con una pegatina con sus nombres y el número de ceros que pueden alcanzar sus talonarios, y un banquete en el que a pesar de que es bien sabido que está el bacalao podrido cogemos la porción que nos corresponde mientras ponemos la oreja en la mesa del otro lado para comprobar el número de gusanos que tienen.

Sumisión a primera vista, que saben sentarse y guardar silencio. Están adiestrados para ladrar y escupir incongruencias previamente defendidas mientras rasques su barriga de cuando en cuando. Un paso atrás a la segunda, que en cuanto les das un poco de espacio cogen impulso y creen que pueden morder. Hasta que recapacitas en la tercera, en la que te das cuenta de que quien tiene el poder es el inconformismo.

sábado, 28 de febrero de 2015

Ayuda, consejo, opinión.


Es de esperar que las personas, por el hecho de ser diferentes entre sí, tengan diferentes juicios con respecto a una misma idea. Con una mayor base, conocimiento, experiencia, es indiferente al fin y al cabo, puesto que somos seres (algo) racionales y nos sentimos en la obligación de hacer alarde de esa capacidad para demostrar una superioridad que tan inferiores nos hace sentir (las jerarquías no son un cuento de hadas, son los padres).

Los “i told you”, “i knew it”, “you could…”, “you should…” saben mejor que el cigarro de después cuando eres quien fuma (ya que la satisfacción rara vez se comparte), pero cuando recibes el humo se espera de la misma forma una sonrisa de agradecimiento, y si puede ser con la devolución de un cuchillo debidamente limpiado (y… ¿Por qué no? también afilado) en compensación a una inversión de tiempo ajena que posiblemente era tan innecesaria como útil. 

Somos seres humanos deshumanizados ya no por la sociedad, sino por nosotros mismos priorizando unas decisiones sobre otras, en cualquier momento del día, en cualquier escenario, en el que mostramos una postura, una respuesta, una sonrisa, un recibo, pero nada de eso importa porque siempre es bueno conocer al dueño del estanco del barrio (por si hay que comprar mecheros).

¿Empatía, de qué marca? Da igual, dame cinco, y el finde descanso.