sábado, 29 de agosto de 2015

Las curvas de la amnesia.

Sonríe, y no me engañes, que no te dejo hacer trampas. Pa’ dejarte con lo bonita que es.
Que si no la vistes con esos ojos podría quedarse desnuda, y tampoco pasaría nada, o bueno sí, que los tendrías cerrados, pero aunque tampoco te viera sabría que sonríes.

Sonríe, y deja la luz apagada. No hace falta si estás cerca.
Que la luna ha abandonado al sol al verte, y ahora está tan triste que todos temen que se apague.

Sonríe, y vuelve a cerrar los ojos. Aún no hemos llegado.
Que si me descuido podemos descarrilar y estrellarnos en la salida de tus caderas provocando un incendio sin control a su alrededor.

Sonríe, y no despiertes al reloj. Déjalo dormir, él que ha podido.
Que después de contar los segundos hasta quedarse dormido el tiempo se ha parado a nuestro favor.

Sonríe, y ten cuidado con esa boca.
Que si me das a elegir empiezo con una, sigo con la otra, y acabo por repetir, como en los compases en los que no te acuerdas cuándo ni dónde había que terminar, y tú sigues, por si acaso.

Sonríe, y no cuentes con las casualidades.
Que no quieren reconocer que se pusieron de acuerdo, y nos intentan engañar sonrojadas para no darnos la razón, y volver a tropezarse cuando te giras.

Sonríe, y ojalá sobren los quizás.
Que cuando nos damos cuenta ya es mañana y ayer fue la semana pasada.

Sonríe, y quién sabe si el mar se vuelve dócil cuando nadie lo mira, y da menos miedo.
Que mientras el mundo duerme podemos intentar domarlo cantándole al compás de su oleaje y acariciando su lomo, y así hasta que también sonría.

Sonríe, y no sé qué iba a decir.
Que me has mirado.

Sonríe, y no la escondas.
Que sería demasiado egoísta guardártela con todos los ex-leprosos que necesitan limosna.

Sonríe, y, por favor, no estés triste.
Que si quieres podemos intercambiarnos sonrisas como si fueran cromos, pero con la intención de que todo mi álbum esté lleno de las tuyas.

Sonríe, y no pares. Joder, qué bonita es.
Que se me pegue y se nos peguen las sábanas porque no nos quieran echar de menos, y no nos dejen salir de la cama, y nos secuestren acabando todas revueltas con síndrome de Estocolmo.


Sonríe,
y si es a carcajadas
lo peor que puede pasar
es que se me olvide todo lo demás.