martes, 20 de septiembre de 2016

September



Sigue fingiendo girarse hacia otro lado cuando sabe que le miro (como si creyera que no descubro su sonrisa bajo las gafas de sol), y cuando soy yo quien se da la vuelta suspira recordando mi sombra. 

A veces pasea por donde las golondrinas lloran para que le cuenten las primaveras y las ocasiones que se dijo que echaría a volar mientras jugaba con pétalos que había en el suelo, y pensando en una historia para cada uno de ellos queriendo deshacer su camino, pero sin volver por donde venía. 

Los lamentos se los queda el vaho, que se esconde con vergüenza a que le vean aparecer entre las sábanas, en esos momentos en el que todos nos volvemos personas y el hielo se deshace, y los pulmones se llenan de un aire distinto.

A veces, y sólo a veces, aún recuerda.


sábado, 20 de agosto de 2016

Waving a murmaid's sight



El mundo se va a la deriva cada vez que su sonrisa se pierde con el sonido de las olas, que intentan eclipsar su sonido queriendo coger protagonismo, y, mientras, se tintan el pelo del color de sus pupilas, a ver si también me hechizaran y les hiciera así un poco más de caso. 

Han gritado entre las rocas la rabia contenida ante mi indiferencia y las han hecho añicos para hacerme creer que también les habían salido lunares, sin darse cuenta de que en las constelaciones que contiene su piel vienen escritas partituras a cuatro manos, y a destiempo.

Saltan orgullosas, disconformes a que las pueda domar con las caricias de sus manos, ahogando rabiosas todo intento en burlas de sal, y quedando humilladas al salir a la superficie con el pelo mojado y de cara a la siguiente insensata que crea que puede vencerle. 

No recuerdan que fueron sus maestras cuando aún gateaba, y le abrazaban para fundirse con sus piernas, y no perdiera el equilibrio cuando jugaban en la orilla; y que prometieron cuidarse en la calma y en la tempestad. 

Pero vieron cómo le miraba, y ahora sólo nos separa un naufragio. 


domingo, 12 de junio de 2016

w8 & see



Las manos se habían terminado insensibilizando después de pasado un rato al mismo ritmo, quizás había tocado algún nervio en algún momento, pero ahora temblaban como por voluntad propia. También había vuelto el silencio, o lo que lo parecía, y sólo se oía cómo alguien intentaba recuperar el aliento desde la cama, la cual tanto ella como la pared habían sido testigos de la escena desde el principio, y manteniendo los ojos muy abiertos, atónitos ante los gritos propios de tal desahogo, volvían a arropar lo que ahora quedaba de los suspiros.
“Vamos”, dijo levantando la vista, y volvió.
Y esta vez la pared dejó de ser espectadora y relevó a la cama, de la cual ya no quedaba mucho, y empezó poco a poco a empaparse de los golpes que se le acentuaban sin ser culpable de nada. No tardó en cambiar sus colores, ya que no podía evitar sonrojarse con forme se intensificaban los latidos de cada mano contra la misma, ni apartar la mirada sin que ese rubor derramara como lágrimas las gotas que se quedaban inmersas en el lienzo. Hasta que volvió otro silencio a causa del desgaste o la impotencia, o la resignación, o la consciencia de que las cicatrices resultantes de aquellos asaltos le ayudarían a dar los pasos venideros.

martes, 16 de febrero de 2016

Blind


Miedo me da si me pides que te toque algo, por si te enamoras y me gusta, y conseguimos desafinar a las cuerdas de tanto hacerlas temblar por la envidia que nos tendrían al mirarnos impotentes, que sostenidas en la pared intentando no caerse querrían seguir nuestro ritmo perdiéndose entre las escala(da)s, y en las subidas y bajadas de octavas.

No quieras adivinar la melodía, por si la conoces y nos conocemos, y vemos que (qué) notas (en) cada pentagrama, cada silencio, (en) cada cambio de compás; por si empiezo repasándote La y terminas sobre Mi.

Cuídate de mirarnos cantar a oscuras, por si descubres a aquellas cuerdas ahora locas afinando el oído para escuchar los versos que se susurran con las manos entrelazadas, y se sonríen sonrojadas las yemas de los dedos al encontrarse arrugadas por el paso del tiempo.


Pero no pares… Hasta que te toque (y empieces otra vez a leer la partitura).