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sábado, 22 de marzo de 2014

Remember.


Quería darle algo que llevara siempre encima, que no se lo quitara y le trajera algún buen recuerdo que le hiciera sonreír, pero no daba con ello. Buscaba y pensaba lo que podría ser más acorde con su personalidad, su estilo, sus pequeñas cosas que le hacen tan especial.
Puñetas, es jodido, mucho, más de lo que había pensado. Además de que tenía de todo y decía que no necesitaba nada, pero sus ojos adquirían ese color y esa luz cuando recibía sorpresitas que a ver quién no se atrevía a desobedecer. Y que quería que lo tuviera, por orgullo, egoísmo, llámalo x, pero todo fuera por… miau. Iba pasando el tiempo y joder joder joder, no podía seguir así, tenía que encontrarlo… Y vuelta a empezar, aunque fuera a base de paseos, pero tenía que estar en algún lado esperando a que lo encontrase (viva el autoconvencimiento, ¿no?).

… Y lo encontré, pero en una forma  que no era la que había pensado, y con un precio que sólo el tiempo dirá si fue demasiado caro.
Lo descubrí, tarde, pero di con ello, y sonreí al darme cuenta de que no se lo quitaría para lavarrse las manos, o porque no conjuntase con la ropa. Lo llevaría consigo, porque el tiempo, y las experiencias, y los recuerdos que éstos generan son parte de lo que somos al mirarnos al espejo.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Sea pues.

Voy  a entaconar los besos que nadie sacó a pasear por miedo a que se mojaran en una tormenta, mostrando a unas pupilas dilatadas la firmeza de un control que echó a correr al negarse a recibir las clases de decencia  que la jueza moralidad le impuso por robar inocencias de algunas manos pecadoras; que en cuanto comiencen a avanzar en forma de ejército los combatientes dejarán caer sus armas levantando las manos y dando luz verde a la imaginación, deseosa de dejar a unas muñecas insensibilizadas ante el reto implacable de que permanezcan en la inconcebible quietud de la espera que tan poco saber mantener al dejarse caer sobre la cama para quitarnos los zapatos.
Vamos a establecer como medida temporal el calor y el ¿frío? para no tener posibles contratiempos entre dos temperaturas, ya que los días se terminan quedando cortos y la luna parece tener prisa ya que hace tiempo que dejó de saludar.

Y en una de esas noches en las que el cielo abre las ventanas y se queda sin una nube, diremos de contar las estrellas al ritmo del vaivén de la marea.

domingo, 17 de marzo de 2013

Extraño.


Es mi palabra favorita en este idioma posiblemente porque pienso que me gusta identificarme con ésta a menudo. Tiene algunos sinónimos tales como raro, anormal, los cuales me molesta su pronunciación en cualquier boca, pienso que socialmente ha tomado una connotación despectiva hacia la persona y/o cosa hacia la cual va dirigida y nadie la merece.
Extraño es cada ser vivo, diferente en su manera de ser, mejor o peor.
Extraña se hace la situación que se sale de una rutina, que te hace sentir de otra forma, que te incomoda porque no sabes qué hacer o cómo actuar, que te enseña.
Extraño está dejando de ser esconderse, en algunos lugares.
Extraño se ha vuelto confiar, sincerarte, (man)tener unos valores.
Extraño es despertar y sentir su olor envolviendo la habitación, abrir los ojos y que éste se desvanezca junto con toneladas de ilusión, y darte la vuelta en la cama; que su sombra ilumine la sonrisa que tanto espera su mirada, a pesar de que la oscuridad las aguarde bajo su manto y permita que se puedan fundir; que nos hayamos encontrado.
Extraño dejó de ser que no quiera otra cosa que estar a su lado.

sábado, 16 de febrero de 2013

God went (and is) with us

Jugando a desencriptar el algoritmo muñequero con el que las proteínas los aminoácidos pretendían ganarme a una partida de billar aposté al caballo equivocado al sugerir que su sonrisa se detuviera con el mero propósito de acabar con ese tiempo que tantas vueltas había dado de más a la manecilla de su reloj cada vez que nos encontrábamos, y combinando las aceleraciones de dicho contador y las que el pulso se permitía daba la impresión de que estábamos sin estar queriendo estar en otro estado. Tiempo que perdiendo su control nos remontó a la charca en la que nos encontramos, y balanceamos la rueda de la fortuna sin saber cómo podría producirse un azar tan desconcertantemente exacto, y nos detuvo en el mejor momento posible: el actual, dándonos la libertad de matar a unos prototipos de princesa que no encajaban en los perfiles deseados y volver a definirlos, tomando nota nuevamente de la rapidez con que suceden los acontecimientos.
Porque no podemos dejarlo pasar con la boca cerrada, sin decir ni miau. Porque todos tenemos una rana en una charca esperando a que nos paremos a descansar y, habiéndonos relajado, nos envolverá en una realidad soñada... Y, por supuesto, porque lo digo yo.

domingo, 27 de enero de 2013

Efectos secundarios.


Dos llamas eran suficientes para iluminar la habitación, aparte de su sonrisa, y con ella todo ese universo de pequeñas cosas que no paraba de seguir creciendo con el paso de las caricias que nos dibujábamos en la espalda. Jugando con los ojos cerrados a no perder la noción de la realidad un giratiempo roto nos llevaba por los senderos infinitos que terminaban en su ombligo y discusiones en lenguajes no verbales a causa de los caminos sin salida por los que me guiaba esa orientación que parece negarse a colaborar. Dejamos que dos patitos se volvieran a reír un poco y mientras, con el ritmo de los latidos, cerró los ojos y le relataba en susurros al subconsciente algunas conspiraciones que se estaban llevando a cabo, y otras que requerirían su ayuda. Hasta que despertó, y después de comprobar que la Torre Eiffel seguía donde la había dejado nos aseguramos durante un rato de que los deseos no se cumplen solamente en los sueños.

viernes, 11 de enero de 2013

Counting stars


Me cuestionaba el copiloto, hastío y desesperado por ignorar sus señales de escucha, las causas por las que tantas noches el insomnio intentaba hacerse dueño de mi cama con una ligera sonrisa inquisitoria de la castidad más profanada. Inconscientemente y con la atención situada en un horizonte que susurraba el nombre causante de los rugidos del motor, y silenciado por las voces que salían de los altavoces, marcaba los ritmos en el volante pensando en las veces que esa canción pudo llegar a sonar para su sonrisa y lo mucho que extrañaba acariciar la guitarra que aguardaba impaciente en los asientos traseros por ver a su rival más directa, en cuanto a dejarse trastear se refería. Qué más daba que sólo la luna pudiera iluminar aquella carretera, o qué más daba que su piel fuera el único sendero y cobijo que albergaba entre sueño y sueño, que en un intento de coger las riendas de las notas y las ideas que me mantenían a la izquierda del nirvana atiné a despejar las suyas.