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martes, 19 de mayo de 2015

“La verdad os hará libres”, dijo mientras fumigaba.



Si las ladillas resultantes de posiciones más o menos sociales pudieran contar sus historias el civismo iba a reducirse a un eufemismo de la vuelta de la quema de brujas, pero eso sí, con palomitas. Es increíblemente divertido ver cómo hay quien alardea de la propia ignorancia mientras no oculta cómo sus piernas tiemblan del miedo (o el escozor), mientras sólo importa el número de veces que se elogie a un peligroso caballero y al alter ego, a la vez que se utiliza como escudo y espada (y siempre desde el altruismo) un nombre que quizás ha matado tanto como ha amado, y sin (querer) saber su excelentísima con cuál de los tres pasa más tiempo.

Pulgas o ladillas. Es igualmente una macedonia de colegas en la cual hay quien podría hacer más por la sociedad como donante de órganos, una reunión de alcohólicos anónimos con una pegatina con sus nombres y el número de ceros que pueden alcanzar sus talonarios, y un banquete en el que a pesar de que es bien sabido que está el bacalao podrido cogemos la porción que nos corresponde mientras ponemos la oreja en la mesa del otro lado para comprobar el número de gusanos que tienen.

Sumisión a primera vista, que saben sentarse y guardar silencio. Están adiestrados para ladrar y escupir incongruencias previamente defendidas mientras rasques su barriga de cuando en cuando. Un paso atrás a la segunda, que en cuanto les das un poco de espacio cogen impulso y creen que pueden morder. Hasta que recapacitas en la tercera, en la que te das cuenta de que quien tiene el poder es el inconformismo.

sábado, 16 de febrero de 2013

God went (and is) with us

Jugando a desencriptar el algoritmo muñequero con el que las proteínas los aminoácidos pretendían ganarme a una partida de billar aposté al caballo equivocado al sugerir que su sonrisa se detuviera con el mero propósito de acabar con ese tiempo que tantas vueltas había dado de más a la manecilla de su reloj cada vez que nos encontrábamos, y combinando las aceleraciones de dicho contador y las que el pulso se permitía daba la impresión de que estábamos sin estar queriendo estar en otro estado. Tiempo que perdiendo su control nos remontó a la charca en la que nos encontramos, y balanceamos la rueda de la fortuna sin saber cómo podría producirse un azar tan desconcertantemente exacto, y nos detuvo en el mejor momento posible: el actual, dándonos la libertad de matar a unos prototipos de princesa que no encajaban en los perfiles deseados y volver a definirlos, tomando nota nuevamente de la rapidez con que suceden los acontecimientos.
Porque no podemos dejarlo pasar con la boca cerrada, sin decir ni miau. Porque todos tenemos una rana en una charca esperando a que nos paremos a descansar y, habiéndonos relajado, nos envolverá en una realidad soñada... Y, por supuesto, porque lo digo yo.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

nocilla firefrog

Hay momentos en los que aún sabiendo que no sirve de nada llorar contienes un vacío abismal que parece comerte poco a poco, arrancándote una a una las sonrisas que te impulsan a seguir adelante, que ansía desdibujar la chispa con la que matas las sombras que te siguen por doquier. Das un paso, y otro, y otro, y te paras. Te paras, y subes la cabeza manteniendo la mirada fija, y la vuelves a bajar, porque de eso se trata, ¿no?
Metes las manos en los bolsillos resignándote, sigues sin solucionar nada, pero al sacarlas la figura que aparece remangada te mete más oxígeno en los pulmones. Echas a correr con sus voces alentándote a coger más velocidad, a tomar impulso con cualquier piedra traidora, a perder el control sobre tu propio cuerpo.
Y vuelves a caer. Falta de costumbre a esa sensación, o eso quieres suponer. Miras en búsqueda de algún daño colateral, y comprobando que todo sigue en su sitio, en un intento de reanudar la mar-cha, te encuentras ardiendo por culpa de una rana pirómana.

sábado, 25 de agosto de 2012

Nulal

Llegado el momento cogí a la nada, 
la tumbé, 
y la até, 
y la hice eterna.

sábado, 21 de enero de 2012

Física pura, puta y dura.

Te separas, y sin verlo claro te vuelves y me miras, y nos encuentras frente a frente, y me empujas otra vez sonriendo como un muelle insaciable que no se aburre de oscilar. No te cansas, sigues pensando que no hay un fin, que puedo forzarte a temblar sin querer tener en cuenta la despreciable resistencia que opones ante mis juegos, y que a pesar de que las fuerzas terminan por agotarse por su propio peso tú no te quieres rendir. Cierras los ojos dejándote caer sobre una superficie destrozada por tus afiladas extremidades y rindiéndote en el asalto me culpas de que se aceleren tus movimientos cuando nos juntamos aun sabiendo que eres tú quien aparece y desaparece a tu antojo.


Fdo: Gravedad.