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jueves, 11 de julio de 2013

Saltear.

El océano antes no existía como tal, al comienzo de los tiempos era como una balsa que rodeaba todos los continentes, pero que podía ser atravesada a pie. Con el paso de los siglos las guerras fueron creciendo y con ellas las vidas de caballeros que se requerían para cambiar el nombre a un trozo de tierra. Las esposas iban a las playas a recibir a sus guerreros al acabar los enfrentamientos, pero no todas volvían a sus casas con una sonrisa al terminar ese día, otras muchas se quedaban allí, en la orilla, en la espera y con ruegos y súplicas al horizonte que acababan entre llantos para que les devolviera la mirada que una vez les dio una vida y que ya no tenían… Y una tras otra, tras otra, maldecían sus ausencias con sal y arena, de forma que poco a poco ese horizonte llegó a sentir pena por la inocencia de aquellas expresiones y fue distanciando con las lágrimas aquellas tierras que tanta pena había llevado con el fin de que las mujeres pudieran sonreír más al final.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Existe


Nadie hablaba, había solamente intercambios de miradas, y se continuaba buscando. Con el sonido de la respiración, el ritmo y su intensidad se daba a comprender que sin duda alguna había una razón de peso mayor al usual para que tal escenario se estuviera llevando a cabo, de la misma forma que la consciencia  de que tanto la velocidad como los métodos de procesamiento eran diferentes entre los individuos que se debatían en la sala, pero unas órdenes provenientes de fallos de lectura en caché se habían acostumbrado a tender a desencadenar errores acumulativos de forma que los resultados deseados pudieran coincidir gracias a esa pequeña (y escasas veces maravillosa) probabilidad con el fin de volver a machacar otros registros de memoria con una información que en otras ocasiones ha saturado el sistema, y así eliminar otros que pudieran relevar datos considerados como irrelevantes al desarrollo de acontecimientos futuros. No estaba permitido realizar ningún movimiento que pudiera aumentar la entropía ya generada, y a pesar de todos los ataques de denegación de servicio la puerta se abrió y se llevó al otro lado (donde las cosas parecen que son de colores) una nota culpable y causante de otra guerra más sinsentido revelando el motivo por el que se podía encontrar en determinados instantes con la esperanza.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Hatears

Porque en verdad da igual cuan buena pudiera ser la obra, 
o la emotividad que desprendiera tu personaje, 
hasta que no se haya descargado 
y descanse,
donde sea que esté, 
de una vez por todas, 
nada 
parecerá 
valer la pena.

viernes, 20 de julio de 2012

ichi-nyan


Había estado toda la tarde estudiando y pensaba que despejarse un rato no era tan mal plan. Fue a la cocina y cogió una botella de Nestea y una bolsa tamaño familiar de patatas fritas, y encendió el ordenador para comprobar si la película estaba ya descargada. Trasladó el pc junto a la cama, echó el cerrojo de la habitación para una mayor intimidad e hizo clic para que ni pasada la mitad de su desarrollo estuviera roncando a pleno pulmón en su cama. Por la noche oyó cómo su canino arañaba la puerta solicitando su  compañía, de modo que, sin hacer el menor esfuerzo de fijarse por dónde iba, se tambaleó hacia la puerta dejó que su compañero se tumbase a los pies de la cama, y como señal de agradecimiento éste le dio un cariñoso lamido en la mano. Fue instantáneo volver a su profundo sueño aunque volviera a ser molestado un par de veces por lo que le pareció un goteo que solucionó dejando caer un ciego ‘¡papá, hay que arreglar el grifo del baño, que gotea!’, aunque acto seguido recordó que estaba solo, y su fiel amigo lo tranquilizó con otro lametón cayendo en otra sinfonía de ronquidos. Al despertarse por la mañana y pisar con los pies desnudos algo mojado lo primero que pensó fue en el Nestea derramado y en la consecuente bronca de su madre, pero una vez abiertos los ojos se fijó en que no podía ser otra cosa que sangre, al alzar la vista descubrió que a quien pertenecía no era más que al compañero que había tenido esa noche a su lado, que ahora yacía rígido enredado entre los hilos de su canasta dejando caer de la cola unas gotas que chinchineaban en el charco que prácticamente inundaba la sala. Entrando en pánico fue a coger su teléfono móvil encontrando junto a éste una nota que decía ‘Las personas también sabemos lamer ’.